LA MANZANA REVELADORA
Era el quinto día que estabamos defendiendo aquel fortín pero aún no había ocurrido nada. O el enemigo buscaba un momento para atacar o no tenía intención de hacerlo.
Estaba todo oscuro cuando escuché un suave silbido, fui a ver que pasaba al no ver nada cogí una manzana de un cesto que había en la mesa. Cerré la ventana, que estaba abierta de par en par. Mientras observaba por ella mordí con fuerza y mis dientes chocaron contra un objeto duro y frío, con un fuerte sabor a metal. Cuando me disponía a retirarlo de mi boca se escuchó otro silbido, éste acertó
